Como perro sin dueño.

Hablé contigo en el patio de mi casa hasta las 3:30 de la mañana. Hablamos de todo. Del mundo, de la religión, la verdad, la muerte. De ti y de mi. Fumé un cigarro tras otro mientras te escuchaba y hacía uno que otro comentario.

-Lo que más amo del mundo es que tengo dos seres que me aman mas que nada y que yo soy todo para ellas.- me explicaste, te referías a tus perritas, mientras yo veía a la mía dormida en el zacate como dándonos una indirecta de que era hora que le dejáramos el patio para que pudiera dormir. 

-Ya sé, güey. Son seres puros.- dije pensando en Nicky, la perra naufraga que estuvo fuera de casa 4 meses. 

-Imagínate los perritos callejeros que no tienen a nadie, que no le pueden dar su amor a nadie. Están solos- dijiste con la voz quebrada, me estremecí. 

-Con razón la gente dice que se siente como perro sin dueño.-




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