Cartas vol. 4


Yo tenía un plan, carajo. Había encontrado una manera de lidiar con el pensamiento de que nunca ibas a dejar que te quisiera. Íbas a ser el amor perdido de mi adolescencia que un día iba a ver en un centro comercial y recordaría con nostalgia. 
Pero henos aquí. Nunca pensé que leerías toda la mierda que escribo aquí, pero eso es algo muy mío; elaboro mucho mis cosas y las hago tan mías que cuando las confío a alguien (que casi siempre terminas siendo tú a quien deposito mi confianza) me arrepiento de haber sido tan débil por compartir mis sentimientos. También es algo muy mío tener problemas para expresarme oralmente. 
Ahora tengo miedo de tener que elaborar otro plan, te prometo que no te tengo miedo a ti. Sé que no queda más que disfrutar estar contigo en el presente. Pero no sé que pasará. Probablemente sea la incertidumbre la que me tiene como chihuahua cardiaco. Antes cuando me sentía cerca de ti temía abrazarte sólo por vergüenza, ahora que tengo el derecho y permiso de hacerlo no siento nada más que gratitud de que me dejes entrar a tu vida. Me dejaste entrar a tu vida y siento una responsabilidad enorme, como si me hubieran compartido el secreto más grande del mundo. Eres demasiado, eres más que un puñito de arena, eres todo. Eres el día detrás del manto negro con agujeritos que dices que es la noche. No sé que voy a hacer con algo tan grande. Sólo tenme paciencia por favor. A veces digo cosas que no son necesarias o fáciles de explicar pero por alguna razón siento que debo decírtelas. Trataré de que no sea tan seguido, para poder vivir bien lo que vivamos juntos. 
La verdad, sólo me puse a llorar porque te quiero mucho. No sé si tenga lógica, pero pues, es la verdad. 

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